La proliferación de conejo (Oryctolagus cuniculus) y jabalí (Sus scrofa) se ha convertido en un problema creciente en Navarra, donde los daños a la agricultura han alcanzado ya dimensiones preocupantes. La situación afecta a explotaciones en distintas zonas de la comunidad, especialmente en áreas cerealistas, y ha reavivado el debate sobre la necesidad de reforzar los controles poblacionales.
Según trasladan organizaciones agrarias, los daños se extienden ya a alrededor de 1.000 hectáreas, una cifra que sitúa este episodio como uno de los más graves de las últimas décadas en el caso del conejo. A ello se suma la presión del jabalí, cuya expansión continúa generando pérdidas en cultivos y complicaciones añadidas para el sector.
Un problema estructural que va a más
El avance de estas especies no responde a un episodio puntual, sino a un problema estructural que se repite año tras año. La elevada capacidad reproductiva del conejo y la expansión del jabalí, favorecida por la abundancia de alimento y la falta de presión cinegética suficiente en determinadas zonas, están detrás de una situación que se agrava campaña tras campaña.

En comarcas como la Ribera de Navarra, los agricultores llevan tiempo alertando de daños severos en cultivos de cereal, donde las pérdidas afectan directamente a la rentabilidad de las explotaciones. Además, la dispersión de ambas especies hacia nuevas zonas está ampliando el alcance del problema.
A esta situación se suma otro factor de preocupación: la posible transmisión de enfermedades al ganado y a otras especies, lo que añade un componente sanitario a una crisis ya de por sí compleja.
La caza, herramienta clave de control
Desde el sector se insiste en que la solución pasa por aplicar medidas eficaces que incluyan el refuerzo de los controles cinegéticos. La caza se sitúa como una herramienta fundamental de gestión, especialmente en escenarios donde las poblaciones han superado la capacidad de carga del territorio.
La experiencia en otras comunidades demuestra que, sin una intervención constante y bien planificada, tanto el conejo como el jabalí alcanzan densidades que resultan incompatibles con la actividad agrícola.
Junto a ello, los agricultores reclaman ayudas directas que permitan compensar unas pérdidas que no dependen de su gestión, en un contexto además marcado por el incremento de los costes de producción.
La situación en Navarra vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente en el ámbito rural: la necesidad de integrar la gestión cinegética dentro de las políticas agrarias y ambientales como una herramienta eficaz para garantizar el equilibrio entre fauna silvestre y actividad humana.





