Ibex con arco en Kirguistán

Hay cacerías que se recuerdan toda la vida, y otras que directamente marcan una etapa entera. La historia de Pedro Ampuero es una de esas: una caza con arco en alta montaña que se convierte en una obsesión personal, un reto técnico y emocional que tarda quince años en resolverse.

El objetivo es uno de los animales más icónicos del continente asiático: el íbice centroasiático (Capra sibirica), un símbolo de la caza en altura que exige lo mejor del cazador en uno de los entornos más duros del planeta.

Una caza extrema en Kirguistán

El escenario es Kirguistán, en pleno sistema montañoso del Tian Shan. Un territorio salvaje donde cada jornada comienza a caballo y continúa a pie, ganando altura entre pedreras inestables, falta de oxígeno y temperaturas extremas.

Pedro Ampuero, acompañado por su equipo, afronta esta expedición con la experiencia que dan los años… y también con el peso de varios intentos fallidos. Porque el íbice centroasiático (Capra sibirica) no es un animal cualquiera: es desconfiado, resistente y perfectamente adaptado a un terreno donde el cazador siempre juega en desventaja.

La logística es mínima. Comida básica, refugios improvisados y días enteros dedicados a localizar grupos de animales que, en muchas ocasiones, parecen inalcanzables.

El verdadero desafío del rececho con arco

La narración deja claro que acercarse no es suficiente. En esta modalidad, cada fase es crítica. Recechar con arco en montaña implica reducir la distancia al límite, elegir el macho adecuado y ejecutar un disparo perfecto en condiciones extremadamente exigentes.

El viento cambia, el terreno delata cualquier movimiento y los íbices reaccionan en cuestión de segundos. Una de las oportunidades más claras, a apenas 50 metros, se pierde por un mínimo error. Momentos así marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso.

A lo largo de los días, la frustración se mezcla con la determinación. Pedro sigue insistiendo, consciente de que en este tipo de caza, una sola oportunidad puede justificar semanas de esfuerzo.

El disparo que cierra quince años de historia

Tras varios viajes, más de 20 días acumulados en el terreno y múltiples intentos fallidos, llega el momento decisivo. Un rececho rápido, casi improvisado, sitúa a Pedro frente a un íbice que ofrece una oportunidad real.

El disparo, a unos 56 metros, exige precisión absoluta. El impacto es bueno. La espera posterior, cargada de tensión, confirma lo que parecía improbable durante años. El íbice centroasiático (Capra sibirica) está finalmente en el suelo. No es solo un lance más. Es el final de una historia larga, exigente y profundamente personal.

Más allá del trofeo

Lo que hace especial este vídeo no es únicamente el resultado. Es todo lo que hay detrás: los intentos fallidos, el aprendizaje, la convivencia en condiciones extremas y la conexión con un entorno que obliga a relativizar el éxito.

Pedro Ampuero lo expresa con claridad: este tipo de caza no se mide solo en animales abatidos, sino en todo lo que uno vive durante el proceso. Porque, al final, la verdadera recompensa está en haber sido capaz de llegar hasta ese momento.

Una historia que resume la esencia de la caza de montaña: esfuerzo, respeto y una emoción difícil de explicar a quien no la ha vivido.


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