La relación entre el ser humano y el perro es mucho más antigua de lo que se pensaba hasta ahora. Un nuevo estudio basado en el análisis de ADN antiguo ha demostrado que estos animales ya convivían con las primeras comunidades humanas hace cerca de 16.000 años, en pleno Paleolítico superior.
Hasta ahora, la comunidad científica situaba el origen de los primeros perros domésticos en torno a los 10.900 años. Sin embargo, los avances en genética están permitiendo afinar ese marco temporal y dibujar un escenario más complejo, en el que los cánidos ya formaban parte de la vida de los cazadores-recolectores miles de años antes de la llegada de la agricultura.
Un cachorro de hace 15.800 años cambia la cronología
Uno de los hallazgos clave procede de un fragmento de cráneo localizado en Pinarbasi, en la actual Turquía. El análisis genético ha permitido identificarlo como el de un cachorro que vivió hace aproximadamente 15.800 años, lo que lo convierte en la evidencia más antigua conocida de un perro asociado al ser humano.
El animal, probablemente una hembra de pocos meses, presentaba un aspecto similar al de un pequeño lobo. Este descubrimiento no solo adelanta la cronología de la domesticación, sino que refuerza la idea de que la relación entre ambas especies ya estaba consolidada en distintas regiones.

Restos similares han sido identificados en varios puntos de Europa, como Reino Unido, Alemania, Italia o Suiza, lo que sugiere que estos animales estaban ampliamente distribuidos entre las comunidades humanas del continente.
Un vínculo más antiguo y sin grandes migraciones
El segundo estudio, basado en el análisis de más de 200 genomas de cánidos antiguos, aporta una conclusión especialmente relevante: los perros que acompañaron a los primeros agricultores europeos descendían directamente de aquellos que ya convivían con los cazadores-recolectores.
Este dato rompe con el patrón observado en los humanos, donde la expansión de la agricultura implicó importantes migraciones y mezclas genéticas. En el caso de los perros, sin embargo, esa continuidad sugiere un vínculo más estable y arraigado en el tiempo.
Los investigadores apuntan que la diferenciación entre perros europeos y asiáticos se produjo antes de la llegada de la agricultura y probablemente fuera del continente europeo. Aun así, el origen exacto de la domesticación sigue sin resolverse por completo y continúa siendo uno de los grandes enigmas de la evolución animal.
Aunque todavía existen incógnitas sobre el papel concreto que desempeñaban estos primeros perros —caza, vigilancia o simple convivencia—, todo indica que el vínculo con el ser humano ya era significativo. Un lazo que, miles de años después, sigue siendo una de las relaciones más estrechas y duraderas entre especies.

