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Un corcino.

Por qué no debes tocar a las crías de corzo, ciervo o jabalí si las encuentras en el campo

Durante la primavera, muchas especies de caza mayor concentran los alumbramientos. Corzos, ciervos, gamos y jabalíes dejan sus crías escondidas entre la vegetación, lo que da lugar a un aumento de los encuentros con personas que frecuentan el medio rural. Sin embargo, ante la presencia de un animal aparentemente solo, la mejor decisión es mantener la distancia. La madre suele estar cerca, vigila a su cría y volverá para alimentarla, aunque no se la vea en ese momento.

Este patrón de comportamiento es común en muchos mamíferos. Las hembras dejan a sus crías inmóviles y en silencio durante horas, para evitar que sean detectadas por depredadores, mientras ellas se alimentan o descansan a distancia. En el caso de las aves, como ocurre con ciertos polluelos, es habitual que abandonen el nido antes de volar; durante esa etapa, los progenitores siguen atendiéndolos en el suelo. Tocar a una cría o intentar «rescatarla» puede alterar este proceso, e incluso provocar su rechazo por parte de la madre.

Una hembra de corzo con su cría. © Shutterstock

Riesgos para la cría… y también para el humano

El contacto humano con una cría salvaje no solo compromete su futuro. En algunos casos, como ocurre con los jabalíes, puede desencadenar un comportamiento agresivo por parte de la madre. Varias situaciones recientes han mostrado cómo las hembras embisten sin dudar ante la presencia de personas cerca de sus rayones. Aunque pueda parecer improbable, el riesgo es real, especialmente en zonas de monte bajo o vegetación densa.

Además del riesgo físico, hay un componente legal. Como recuerda Jaime Valladolid, experto en derecho cinegético, «para la tenencia en cautividad de este tipo de animales hace falta estar en posesión de una autorización expresa de la Administración. De no tenerla, nos podríamos enfrentar a una sanción administrativa». Es decir, llevarse una cría a casa es ilegal, además de contraproducente para su supervivencia.

Casos como el de un grupo animalista que retiró un corcino del monte, o el vídeo de un agente acariciando una cría de ciervo, ejemplifican cómo gestos bienintencionados pueden acabar generando consecuencias negativas. En el caso del corzo, por ejemplo, el olor humano puede hacer que la madre no lo reconozca, provocando su abandono.

Proyecto Corcino 2025 de la ACE. © ACE

Campañas como el Proyecto Corcino, impulsado por la Asociación del Corzo Español, insisten cada año en la necesidad de informar, sensibilizar y disuadir de este tipo de prácticas. Bajo el lema «Si te lo llevas, morirá», esta iniciativa pone a disposición de cazadores y gestores material gráfico para su difusión en entornos rurales.

Observar animales en libertad es una de las mayores recompensas que ofrece el campo, pero la norma debe ser clara: no tocar, no intervenir y no alterar su comportamiento. La distancia es la mejor forma de respeto y la garantía de que esa cría siga adelante.

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