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Empatillar una liebre: la tradición de la caza menor que muchos confunden hoy y que explica Mutuasport

Aureo Grande, miembro de la junta directiva de la Sociedad de Cazadores de Carrión de Calatrava

Aureo Grande, miembro de la junta directiva de la Sociedad de Cazadores de Carrión de Calatrava. ©Mutuasport

En los últimos años, muchas costumbres cinegéticas han sido cuestionadas sin atender a su origen ni a su verdadera función. Frente a esa tendencia, Mutuasport ha difundido un vídeo que recupera una de esas prácticas que hoy apenas se comprenden: empatillar —también conocido como apiolar— una liebre. Lejos de cualquier interpretación errónea, se trata de una técnica empleada tras abatir la pieza, ligada exclusivamente a su transporte.

Durante generaciones, el conocimiento cinegético se transmitió de forma directa, en el campo, entre cazadores. No había manuales ni tutoriales: se aprendía observando y repitiendo. En ese contexto nacieron términos que hoy han caído en el olvido, incluso entre aficionados jóvenes. Uno de ellos es precisamente este. En el vídeo, Aureo Grande, miembro de la junta directiva de la Sociedad de Cazadores de Carrión de Calatrava, explica con claridad cómo se realizaba esta práctica y por qué tenía sentido en su momento.

Su testimonio no es académico ni teórico, sino fruto de la experiencia. Habla desde lo vivido, desde jornadas de campo en las que cada gesto tenía un propósito. Esa explicación pausada permite entender un término que, fuera de su contexto, se presta fácilmente a interpretaciones equivocadas.

Qué es empatillar una liebre y cómo se hacía

Empatillar consistía en atar las patas traseras de la liebre una vez muerta, utilizando en ocasiones sus propios tendones o una simple cuerda. Así, la pieza podía transportarse colgada, habitualmente junto a otras, en un palo o al hombro durante toda la jornada.

Conviene insistir en ello: no se trata de una práctica realizada con el animal vivo, ni implica sufrimiento añadido. Es una técnica posterior al lance, desarrollada en una época en la que los desplazamientos eran largos, a pie, y los recursos limitados.

Liebre europea. © Shutterstock

Tal y como explica Aureo Grande, esta forma de atar las piezas respondía a una necesidad muy concreta: facilitar el transporte y conservar mejor las capturas hasta el final del día. Agrupar varias liebres de esta manera permitía moverse con mayor comodidad y evitar que se deterioraran durante horas de caminata.

Términos como apiolar o empiolar, hoy prácticamente desaparecidos, formaban parte del lenguaje habitual del cazador. Su pérdida no es casual, sino consecuencia directa del abandono del medio rural y de una forma de vida en la que el aprendizaje era práctico y continuo.

Tradición, lenguaje y memoria cinegética

Más allá de la técnica en sí, el vídeo de Mutuasport pone sobre la mesa algo más profundo: la importancia de conservar el conocimiento tradicional ligado a la caza. Cada palabra, cada gesto, responde a una lógica concreta que solo se entiende dentro de su contexto.

Recuperar este vocabulario no implica nostalgia, sino rigor. Supone explicar de dónde vienen ciertas prácticas y por qué tenían sentido, evitando así juicios simplistas nacidos del desconocimiento.

📽️ Vídeo publicado por Mutuasport, con la participación de Aureo Grande, miembro de la junta directiva de la Sociedad de Cazadores de Carrión de Calatrava.

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